ATP: Adenosín Trifosfato, uno de los primeros dibujos que hice en acuarela. Inspirado en la coincidencia de siglas "ATP" tanto para identificar un nucleótido; parte fundamental en la obtención de energía celular, como para resumir a la Asocación de Tenistas Profesionales. Ambas definiciones se conjuntan en este cuadro. Por una parte la imagen casi imperceptible en segundo plano de una figura humana meditando y alcanzando niveles altos de energías emanadas como juego de luces de su aura, se conectan de algún modo por medio de la cadena de ADN que llega a la pelota de tennis que sujeta el perro en su hocico. Resumidamente, te das cuenta que esta unión de vida (hombre + perro)está en riesgo latente frente a un paisaje urbano contaminado...
Juego de Palabras que evocan tanto la inspiración compartida; tanto por mi polola, cuyo nombre de pila es Natalia, nickname: Naty; y en conjunto con el complemento de la Naturaleza que rodea el paisaje de la pintura Naty+Naturaleza=Natyraleza =D
No haber contigo estado es como un sueño del cual creía haber despertado.
No haber contigo estado Permite ser metáfora de un animal adormecido Queriendo escapar de una selva atiborrada. Escapar cual expulsión volcánica del cráter, Escapar cual manada de tigres salvajes, indomables.
Mi alma se lamenta haber violado la virginidad y la pureza de tal sueño Y haberla penetrado con mi mentalidad neurótica y obsesa. Cual falo racional corrompe la flor de la pasión ilusoria. Simbolismo bello e inexpugnable que me mantiene en coma. Como no queriendo saber si es mejor camino el de la muerte o la vida de un lisiado. Así me siento ahora, con piernas de cristal, Un cuadro surreal tragicómico; un elefante con pies de cucaracha, Ayúdame a saber manejar esta carga autoimpuesta Estas toneladas de culpa acumulada
Ayúdame a correr con la fuerza de mi vitalidad de hormiga Quítame estas ganas mortíferas de desearte Y hazme quedar incólume en el regazo de tus besos Despójame del pánico y el temor a caer del cerro de la indecisión Empújame con trémolo con algarabía, sé mi dueña.
Hoy este chiste de criatura quiere ser alma, quiere dar la lucha Se debate entre el desfallecimiento de la duda Y la ambiciosa idea de tomarte.
No haber contigo estado y estar contigo al recordarte ahora, Me induce a querer probar en ti el amor que droga, A extasiarme y caer en el trance que todo romántico añora; Muero y vivo, respiro raudo, me asfixia el deseo y alucino ahora: Recordar los vientos raudos, los estruendosos relámpagos nocturnos, Me conduzco por un prado desgastado, Embriagado de nostalgia, Adormecido en las mortajas De esta reflexión onírica Me vas cegando con tu cándida mirada, Me vas tentando, ante esta latente alternancia.
Fuiste Indescifrable como un papiro egipcio Místico, añorado, encriptado. Hoy hago luz sobre las grietas que sostenían las ruinas de mi pasado. Y apareces entonces tú, con tus vestidos dorados, Y apareces tú, como ángel triste clamando por un cielo arrebatado. Y apareces entonces tú y vuelvo a rendirme ante el amor desorientado…
Cual galopear de un jubiloso potro, Voy atravesando el prado del recuerdo sin querer pernoctar una noche más En el bosque del letargo y el amor rutinario. Esta alma desorbitante, se vuelve incalma A causa de tus ojos tan deseables, Libidinosa diosa de nácar, estatuilla frágil, pequeña alma de porcelana.
He surcado los límites del amor acostumbrado Y creo que voy rozando cada vez más; Las flores de tu jardín hechizado. Me tiento, me sumerjo, voy codiciando, cada vez más; poseer alguna de tus manos, Me tiento me desenfreno y voy queriendo, Ser tu dueño, morderte, colmarte de engaños, Sí de sangre, de negro espanto y de lujurioso barro,
Porque Me apasionas, Porque te amo y Porque te odio por todo esto, Porque me confundes en medio del vaho Te quiero te amo, te voy matando, Como un recuerdo alado Que pensé ya había volado, Te deseo, te amo, te voy extrañando, como algo que quise, Mas sufro por no poder haber contigo estado.
Aunque te regalen un pedazo de esta tierra, Que siembras y que odias, Allí estará tu corazón bajo el suelo, Semillas que brotan para ver el sol y morir, Retoños del Alba que se despiertan y abren los ojos a la pesadilla.
Raíces de un árbol cenceño y enjuto, De brazos marchitos ya no verdes ni aforados,
Duerme feliz, descansa sonriente, Respira y bosteza pequeña nuez de otoño, Sueña y suspira perdiéndote en la serpentina de tus fantasías. Ráfagas por brisa, Torrentes de lava por tu sangre primorosa, Castillos de arena y altares de barro para tus dioses.
Tal es el color de la hojarasca cuando desvanece el futuro ente la propia luz de tus ojos Arrebol perdido y menguado por las manos del agua, La luna lamenta la desesperación de tu alma.
Como un gitano y un bandido, Te vas llenando de mundos y conocimientos, Mientras alegres caravanas demarcan un camino, Buscas asilo en el destino, Donas tus bienes a los rendidos.
Así en la vida te has apropiado de tesoros y recuerdos, También colmaste tu corazón de esperanzas y promesas, Vagas idolatrías que profesaron tu mente y espíritu A una ilusión fraudulenta y paliativa.
La mayor de tus quimeras fue el placebo de la vida. La panacea a tu demencia la hallaste en el manantial de la poesía Te armaste de escudos, espadas, arcos y saetas Combatiste la maldad de las sombras, Luego, decaíste transformándote en un agonizante espectro.
La experiencia era una valla muy alta como para cruzarla a rastras Tuviste que crecer, madurar y aprender, Debías entender que el corazón de los hombres está siempre plagado De lombrices e inescrupulosas fechorías que escurren como sierpes y arácnidos.
Muerto el gitano, continúas en la transubstanciación Llega la hora de ser pez, Y sumerges toda tu ira, enajenando tus escamas, Sucumbiendo ante las olas y el poder de las bramas. Posterior al pez, renace en ti la era celestial del oso, Animal mitológico, prudente y pragmático, Te sientes grande y ostentoso, pero Cuidado con el exquisito deseo de obtener tu miel en panales venenosos.
Y me hundí nuevamente para salir a flote, Regresé por mi cuenta a la oscuridad de mi tortuoso lar. Me cansé de caminar, ya lo había recorrido todo;
Entonces decidí volver, Y abrir los ojos, mas bien a cerrarlos y dejarlos en una ceguera latente otra vez.
No escuché ningún ruido, sólo la voz familiar de aquel silencio compañero de la amarga soledad. Y volví a tomar el café de la rutina, Y a aspirar con aire monótono el áspero y volátil humo de mis cigarrillos. Me encerré para no-verme a mí mismo, Una vez más quebré todos los espejos y te volví a invocar. Tomé lápiz, color negro como acostumbro, y reposé en la cama, mientras esbozaba tu rostro sobre un añejo y marchito papel.
Miro mis versos y sólo veo un collage de cosas en todo esto. Mas recuerdo tu ausencia en este instante, Y me viene la sensación de estar presente en todas partes: En la luna, en el fondo del mar, en aquella pequeña araña que sube por la pared y también en esa lluvia que nunca vi y que tampoco creo que veré por estar aquí en medio del desierto hostil.
Vuelvo a preguntarme cómo será “tu nieve” la que siempre vez cada año, y con la cual juegas como niña a hacer figuras de ángeles sobre el suelo blanco como marfil; o quizás a tirar pequeñas bolas a tus amigas. Me pregunto si algún día las veré, (Pero lo que yo no digo, lo piensa mi alma), Y aún más me pregunto si algún te veré... Me calmo por un segundo y pienso en los miles de complejos, y hasta cierto punto, artísticos procedimientos que se están llevando a cabo dentro de mis células en este momento. Desearía saber, ¿Dónde están los cromosomas de Dios si es que los posee? Y me gustaría ser una bacteria para poder averiguarlo, Nunca me sentiría más cerca de Dios que estando dentro de él infectando su organismo, creo, y es irónico pensar que afirme tener Fe, Aun cuando ésta necesite un fundamento físico y científico.
Quiero volar, y encontrarte a ti, Sueño de Sueños. Ver tu boca y morir en tus ojos... Dar cientos de suspiros en un murmullo infantil y sosegado. Sentirme un epiléptico y no razonar, para poder tener una excusa a tamaña locura que no me deja distinguir entre realidad e ilusión. Es tu imagen la más hermosa, eres mi ficción más hermosa. Eres bella sólo porque sí. Eres un sueño sólo porque sí. Si me despierto, tú no estás más, Mas me gustaría abrazarte y que el gallo cantase miles de amaneceres, y darme cuenta que sigues junto a mí, Ver que el sol sale en el horizonte, despertar y seguir tocando tu sedosa piel, Que abras tus ojos para saber que vives y que has soportado el viaje a esta inválida sugestión, a esta inerte esfera de múltiples capas celestiales que en vano se dan labor, Pretendiendo cínica la atmósfera, albergar vida, sin saber que toda su obra no se compara a tu naturaleza, mi amor. Dorada Esfinge, erguida para honrar a mis pasiones, Marchito Lirio Mío, a quien yo mismo sembré, te cuidé y te regué, sólo con el propósito de llevarte conmigo a mi descanso eterno y final. Tú eres todas estas cosas, eres mi razón de ser y estar, Eres el momento descrito por mis aliteradas prosas vagabundas, Donde el eco de tus sombras roza con el fuego esmeralda que me inspira tu devoción.
Recitando versos que en el viento anhelo, Agonizando en cada vuelo, Como un pájaro herido sufriendo el gustoso daño, A mi insano juicio puedo decir que soy un ser extraño.
Así soy yo, un profeta vaticinando inclementes luces; Destino para el cual este ente alucinado, Preparado se encuentra ya amordazado.
Orgánica y superficialmente mi coraza no es de hierro, Sino que llevo por respaldo una base de barro, Dos cuencas fúnebres y siniestras dan la bienvenida al alma impura.
Agrietado tanto por dentro como por fuera; La sangre cubre mi piel como una bermeja llamarada brillante, Mi rostro es sólo la torre de un castillo caduco y deleznable. Donde un largo puente conecta al cuerpo con el resto inalienable.
Un cendal oscuro parece brotar de las alturas, Al igual que las espigas se arremolina con el viento, Y dos zafios cabellos pierden cordura, Se dejan caer hacia el vacío, se precipitan sin mesura.
Lágrimas y sales de rara especia emanan de mis poros, Como hiedras venenosas que asemejan una lengua primorosa, Mas su uso no refinado aún para oídos virginales, Es armoniosa blasfemia proveniente de mis labios.
Indiferentemente querido por el mundo, Amistosamente maldecido por el hado,
Poseo dos brazos, Un par de manos para palpar las espinas; Y en cada palma, breves y fugitivos dedos: pentagramas, Uñas roñosas y desgastadas que se humillan por la miseria llevada Componen canciones, melodías alienadas.
Una voz que suena triste como un torrente de palabras, Los incautos la interpretan como poesía ególatra y profana. No es que quiera aparentar desconsuelo, Sino que el hades ha plasmado en mí su estigma escarlata.
Ya quisieran mis piernas caminar por la bella vida, Mas todos mis pasos los doy en falso, Mis pies desconocen fertilidad y bienaventuranza, En mi caminar sólo existen piedras que acompañan la añoranza.
Qué hay más allá de las fronteras del corazón que siente, Qué puede existir o sobrevivir fuera del metafórico paladar poeta, Sin más espejos, quién reflejará la beldad de una Verdad exquisita, imperecedera. Una hermosura en verso, una realidad sin nombre, una obra de arte completa.
Quién reemplazará a este ojo de cometa, Quién poseerá a sí mismo estas manos de ángel Pinceles hechos para cantar como las cítaras Manojos de destreza que enarbolan destellos del talento.
Quién hallará la luz fuera de aquel mensajero divino, Sin ellos algún día el mundo ha de quedarse, Y qué será de nuestros sueños sin la ambrosía de aquel exquisito vino.
Oh poesía, entonces huérfana has de quedarte, Oh Dulce niña, entonces quién ha de acariciarte, Sin un padre, sin un orador, quién habrá de curar tus heridas.
Sin un amante o un asesino, dónde depositarás tus risas y tus gemidos. Muerta y lánguida en el vuelo insubstancial te congelarás por siempre, No insistirá en latir tu corazón somnoliento, Perdurará eterno adolorido y agazapado aquel momento, Ningún dios hará de ti más nunca un monumento, Ya no tendremos hambre ni deseo alguno quedará de ingerir de ti argumentos, Querremos ser ciegos y arrastrarnos sobre el inerte pavimento, Pues la niebla de la nada amordazará nuestro último aliento. . .