lunes, 19 de julio de 2010
Autorretrato
Recitando versos que en el viento anhelo,
Agonizando en cada vuelo,
Como un pájaro herido sufriendo el gustoso daño,
A mi insano juicio puedo decir que soy un ser extraño.
Así soy yo, un profeta vaticinando inclementes luces;
Destino para el cual este ente alucinado,
Preparado se encuentra ya amordazado.
Orgánica y superficialmente mi coraza no es de hierro,
Sino que llevo por respaldo una base de barro,
Dos cuencas fúnebres y siniestras dan la bienvenida al alma impura.
Agrietado tanto por dentro como por fuera;
La sangre cubre mi piel como una bermeja llamarada brillante,
Mi rostro es sólo la torre de un castillo caduco y deleznable.
Donde un largo puente conecta al cuerpo con el resto inalienable.
Un cendal oscuro parece brotar de las alturas,
Al igual que las espigas se arremolina con el viento,
Y dos zafios cabellos pierden cordura,
Se dejan caer hacia el vacío, se precipitan sin mesura.
Lágrimas y sales de rara especia emanan de mis poros,
Como hiedras venenosas que asemejan una lengua primorosa,
Mas su uso no refinado aún para oídos virginales,
Es armoniosa blasfemia proveniente de mis labios.
Indiferentemente querido por el mundo,
Amistosamente maldecido por el hado,
Poseo dos brazos,
Un par de manos para palpar las espinas;
Y en cada palma, breves y fugitivos dedos: pentagramas,
Uñas roñosas y desgastadas que se humillan por la miseria llevada
Componen canciones, melodías alienadas.
Una voz que suena triste como un torrente de palabras,
Los incautos la interpretan como poesía ególatra y profana.
No es que quiera aparentar desconsuelo,
Sino que el hades ha plasmado en mí su estigma escarlata.
Ya quisieran mis piernas caminar por la bella vida,
Mas todos mis pasos los doy en falso,
Mis pies desconocen fertilidad y bienaventuranza,
En mi caminar sólo existen piedras que acompañan la añoranza.
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